Mancha blanca del Mar Menor que afecta a la diversidad de peces

La mancha blanca del Mar Menor provoca una caída del 86% en la diversidad de peces

Murcia – ECO NOTICIA:La mancha blanca del Mar Menor se relaciona con un fuerte descenso de la diversidad de especies de peces en la zona más afectada de la laguna española. Los investigadores encontraron solo tres especies en el centro del área alterada, frente a 21 en aguas cercanas consideradas saludables. ¿Qué está ocurriendo bajo la superficie blanquecina del Mar Menor?

La mancha blanca del Mar Menor y la pérdida de diversidad de peces

Un equipo del Instituto Español de Oceanografía y de la Universidad de Murcia estudió durante un año los efectos ambientales de la zona del Mar Menor que presenta una característica coloración blanca.

Durante la investigación, los científicos analizaron más de 4.000 peces y compararon la situación del área más afectada con la de aguas próximas que no mostraban el mismo grado de alteración.

Los resultados muestran una diferencia considerable en la diversidad de especies.

En el centro de la zona blanca solo se encontraron tres especies de peces. En las aguas cercanas consideradas saludables, los investigadores identificaron 21.

Según el estudio, esta diferencia representa una disminución del 86% en la diversidad de especies de peces dentro del área más afectada.

Los resultados fueron publicados en la revista científica Marine Pollution Bulletin y recogen distintos cambios observados en el ecosistema de la laguna.

El trabajo no se limitó al análisis de los peces. Los investigadores también estudiaron las condiciones del agua y su relación con la desaparición de la vegetación submarina.

Estas praderas proporcionan hábitat a distintas especies y ofrecen zonas utilizadas para alimentarse, refugiarse y reproducirse.

Su desaparición modifica, por tanto, las condiciones disponibles para los peces que dependen de ellas.

El estudio señala que las especies asociadas a esta vegetación prácticamente han desaparecido de la zona más perjudicada.

En cambio, algunos peces con mayor capacidad para soportar las nuevas condiciones han logrado permanecer. Entre ellos se encuentra el gobio negro.

Los resultados muestran que el cambio visible en el color del agua coincide con transformaciones ambientales que afectan también a las condiciones existentes bajo la superficie.

La zona afectada alcanza unos 12,3 kilómetros cuadrados

La superficie cubierta por el fenómeno se sitúa en torno a los 12,3 kilómetros cuadrados, aproximadamente el 9% de la extensión del Mar Menor.

Dentro del área afectada, la zona con mayores daños sobre la vegetación submarina abarca casi 6,7 kilómetros cuadrados.

El aspecto blanquecino del agua está relacionado con la presencia de diminutos cristales de calcita, una forma de carbonato de calcio.

Estas partículas permanecen suspendidas en el agua y aumentan su turbidez. Como consecuencia, una menor cantidad de luz consigue atravesar el agua y alcanzar el fondo de la laguna.

Los investigadores midieron la cantidad de luz disponible en diferentes zonas y encontraron una diferencia considerable.

En las áreas saludables, aproximadamente el 18,3% de la luz solar llegaba al fondo. En la zona afectada, la cifra descendía hasta el 3,9%.

La turbidez también alcanzaba niveles de hasta nueve veces los valores considerados normales.

Esta reducción de la luz afecta directamente a la vegetación submarina, que necesita suficiente iluminación para mantenerse.

Cuando estas plantas desaparecen, también se reducen los espacios que los peces utilizan para alimentarse, protegerse y reproducirse.

Los datos obtenidos permiten observar una serie de cambios relacionados entre sí: mayor turbidez, menor penetración de la luz, pérdida de vegetación submarina y una reducción considerable de la diversidad de peces.

Por ello, el problema descrito por los investigadores va más allá del aspecto visual que presenta el agua.

Menos luz modifica las condiciones del fondo

Uno de los principales elementos analizados en la investigación es la cantidad de luz que consigue llegar al fondo del Mar Menor.

Los cristales de calcita suspendidos en el agua aumentan su turbidez y dificultan el paso de la radiación solar hacia el fondo.

Las mediciones reflejan claramente esta diferencia. En las aguas saludables llegaba al fondo el 18,3% de la luz, mientras que en el área afectada solo alcanzaba el 3,9%.

Este cambio coincide con la desaparición de vegetación submarina en una superficie cercana a los 6,7 kilómetros cuadrados.

La transformación del hábitat también aparece reflejada en la composición de la comunidad de peces.

En el centro de la zona blanca se localizaron tres especies, frente a las 21 registradas en aguas próximas consideradas saludables.

No todas las especies reaccionaron de la misma manera.

Los peces que dependen de la vegetación submarina se encuentran entre los más perjudicados, mientras que algunas especies capaces de tolerar mejor las nuevas condiciones han conseguido mantenerse.

El gobio negro figura entre los peces que han mostrado una mayor resistencia dentro de la zona alterada.

El seguimiento de más de 4.000 peces durante un año permitió comparar las comunidades existentes en diferentes puntos de la laguna.

Los resultados indican que el cambio en la apariencia del agua forma parte de un fenómeno ambiental más amplio que afecta a las condiciones del fondo.

La desaparición de la vegetación también reduce las áreas disponibles para alimentación, refugio y reproducción.

Esta pérdida de hábitat ayuda a explicar la diferencia registrada entre la zona más afectada y las aguas cercanas.

El posible papel de las aguas subterráneas

Los científicos también analizaron los factores que podrían estar contribuyendo a que el fenómeno se mantenga en el Mar Menor.

Según la investigación, las aguas subterráneas con una elevada concentración de bicarbonato podrían contribuir a la persistencia de esta situación.

El estudio también relaciona parcialmente algunos cambios observados en el acuífero del entorno con el regadío intensivo.

Estos elementos forman parte de la investigación sobre las condiciones que podrían estar favoreciendo la continuidad del fenómeno.

Sin embargo, los investigadores establecen una precisión importante: las aguas residuales urbanas no fueron identificadas como la causa directa de la mancha blanca.

El estudio se centra en las características observadas en el agua y sus consecuencias, entre ellas la presencia de cristales de calcita, el aumento de la turbidez, la reducción de la luz, la pérdida de vegetación submarina y el cambio en la diversidad de peces.

El Mar Menor ya había sufrido otros episodios de deterioro ambiental.

En 2016, la laguna protagonizó la conocida crisis de la denominada «sopa verde».

Posteriormente se produjeron episodios de mortandad masiva de peces relacionados con niveles bajos de oxígeno en el agua.

La investigación actual analiza una situación diferente, centrada en la coloración blanquecina, la reducción de la luz disponible y la desaparición de vegetación submarina.

Los datos obtenidos permiten cuantificar los cambios registrados en la zona más perjudicada y establecer comparaciones con áreas próximas.

Los investigadores continuarán siguiendo la evolución del fenómeno para determinar cómo cambia la zona afectada y qué ocurre con las comunidades biológicas que viven en ella.

¿Qué futuro tiene la mancha blanca del Mar Menor?

Una de las principales cuestiones que los investigadores quieren resolver es si la vegetación submarina desaparecida puede volver a crecer.

La recuperación dependerá de las condiciones ambientales que existan en el fondo, incluida la cantidad de luz que consiga llegar hasta las plantas.

La investigación ha documentado una diferencia importante entre las zonas saludables y la parte afectada, precisamente en la cantidad de luz disponible.

Los científicos también quieren determinar si la superficie afectada permanecerá estable o experimentará cambios con el paso del tiempo.

Actualmente, el fenómeno ocupa unos 12,3 kilómetros cuadrados, alrededor del 9% del Mar Menor.

El seguimiento permitirá comprobar si la zona afectada aumenta o disminuye y si las comunidades de peces comienzan a recuperar parte de su diversidad.

Las aguas cercanas consideradas saludables ofrecen una referencia para futuras comparaciones.

En ellas se encontraron 21 especies de peces, mientras que en el centro de la zona afectada solo se localizaron tres.

Las diferencias en los niveles de turbidez y en la cantidad de luz también pueden servir para observar la evolución de las condiciones ambientales.

La turbidez llegó a alcanzar hasta nueve veces los niveles normales y la luz que llegaba al fondo descendió del 18,3% al 3,9%.

Los científicos seguirán estudiando estas condiciones para determinar si el ecosistema puede recuperarse.

La vegetación submarina tiene especial importancia porque ofrece a los peces zonas de alimentación, refugio y reproducción.

Por ello, una posible recuperación de estas plantas podría influir en la capacidad de algunas especies para volver a ocupar las zonas donde han disminuido.

Por ahora, la investigación muestra una diferencia clara entre el centro de la zona blanca y las aguas saludables cercanas.

Un impacto que va más allá del color del agua

El tono blanco es el elemento más visible del fenómeno, pero los resultados de la investigación muestran que los cambios se extienden por debajo de la superficie.

Los diminutos cristales de calcita aumentan la turbidez del agua y reducen la cantidad de luz solar que alcanza el fondo.

En la zona afectada, solo el 3,9% de la luz llegaba al fondo, frente al 18,3% registrado en las áreas saludables.

Al mismo tiempo, la vegetación submarina desapareció en una superficie cercana a los 6,7 kilómetros cuadrados.

La pérdida de estas plantas modifica el hábitat de los peces que las utilizan para alimentarse, refugiarse y reproducirse.

Los investigadores encontraron tres especies en el centro de la zona blanca, frente a 21 en aguas cercanas saludables. La diferencia supone una reducción del 86% en la diversidad de especies dentro del área más afectada.

El estudio fue realizado durante un año por científicos del Instituto Español de Oceanografía y la Universidad de Murcia, que analizaron más de 4.000 peces.

Los resultados fueron publicados en Marine Pollution Bulletin y ofrecen datos sobre la extensión de la zona afectada, la turbidez, la cantidad de luz, la vegetación submarina y la diversidad de peces.

La investigación también señala que las aguas subterráneas ricas en bicarbonato podrían contribuir a mantener el fenómeno. Algunos cambios en el acuífero del entorno se han relacionado parcialmente con el regadío intensivo.

No obstante, los investigadores no identificaron las aguas residuales urbanas como la causa directa de la mancha blanca.

El siguiente paso será seguir la evolución de la zona y determinar si la vegetación submarina puede recuperarse.

Las cifras obtenidas hasta ahora ofrecen una imagen concreta del impacto: unos 12,3 kilómetros cuadrados afectados por el fenómeno, casi 6,7 kilómetros cuadrados con desaparición de vegetación submarina en la zona más dañada, una turbidez de hasta nueve veces el nivel normal y un descenso del 86% en la diversidad de especies de peces.

El seguimiento científico permitirá determinar si estas condiciones cambian y si el ecosistema del Mar Menor consigue recuperar parte de los hábitats que ha perdido.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la mancha blanca del Mar Menor?
Es una zona de agua con aspecto blanquecino asociada a la presencia de pequeños cristales de calcita que aumentan la turbidez y reducen la luz que llega al fondo.

¿Cuánto ha disminuido la diversidad de peces?
Los investigadores encontraron tres especies en el centro de la zona afectada frente a 21 en aguas cercanas saludables, lo que supone un descenso del 86%.

¿Qué superficie ocupa la mancha blanca?
Aproximadamente 12,3 kilómetros cuadrados, alrededor del 9% de la superficie del Mar Menor.

¿Qué ha ocurrido con la vegetación submarina?
Ha desaparecido en una superficie cercana a los 6,7 kilómetros cuadrados dentro de la zona más afectada………Más