Gisela García Sánchez y Andrea Cristina Stratulat, Reinas de las Fiestas de Mahoya 2025 en Abanilla

Fiestas de Mahoya en Abanilla: historia, leyenda y testimonios

ABANILLA – ECO NOTICIA: Las Fiestas de Mahoya en Abanilla constituyen uno de los acontecimientos festivos y patrimoniales más significativos de la Región de Murcia. Esta celebración aúna la memoria histórica de la Reconquista, la devoción popular hacia la Santísima y Vera Cruz y el protagonismo generacional de sus vecinos.
Año tras año, la población se articula en torno a sus tradiciones centenarias para rememorar episodios que marcaron el devenir de la comarca del Oriental. La participación activa de la juventud resulta indispensable para sostener la vigencia de estos ritos y proyectar el legado cultural hacia el futuro.
Las calles de la localidad y los parajes naturales que rodean el cauce del río Chícamo se transforman en escenarios de encuentro para familias enteras y visitantes. El fervor colectivo se combina con la solemnidad institucional en una agenda repleta de actos religiosos, desfiles procesionales y convivencias populares.
¿Cómo se vive desde dentro esta tradición centenaria que une a familias enteras y rinde culto a una leyenda histórica junto al río Chícamo?

El testimonio de las Reinas de las Fiestas de Mahoya en Abanilla

El papel de las reinas de las festividades representa el corazón representativo de la comunidad durante los actos oficiales y populares. Estas jóvenes asumen la responsabilidad de encabezar la representación institucional del municipio en cada uno de los eventos programados.
Entre las representantes destacadas figura Gisela García Sánchez, quien desempeñó la función de reina de las fiestas arropada de forma constante por sus padres, Roberto y María. Su entorno familiar constituyó un pilar fundamental durante el desarrollo de sus funciones representativas.
En sus declaraciones oficiales, Gisela detalló su vivencia personal sin omitir ningún aspecto del significado que tiene ostentar esta distinción en el municipio:
«Hola, yo me llamo Gisela y soy la reina de las fiestas de Mahoya de 2025. Ha sido, para mí personalmente, una experiencia bastante bonita en general, porque ya no es por hacerlo con mi mejor amiga, es el simple hecho de salir, ser reina, la responsabilidad que conlleva, lo importante que es para las fiestas de nuestro pueblo en general. Y para mí personalmente ha sido una experiencia preciosa, sinceramente.»
Las palabras de la joven evidencian la magnitud del compromiso exigido y la satisfacción derivada de representar a su pueblo junto a sus seres queridos. La labor de las reinas requiere la asistencia puntual a recepciones, desfiles e inauguraciones de diversa índole.
De igual modo, Andrea Cristina Stratulat compartió la máxima dignidad festiva, contando con el respaldo permanente de sus padres, Cosmin y Elena. La presencia de su familia garantizó el soporte afectivo y logístico durante el apretado calendario de actividades.
Cristina manifestó sus reflexiones sobre el periodo vivido y el valor de compartir esta vivencia con las personas de su entorno más cercano:
«Y yo me llamo Cristina y, como bien ha dicho mi compañera Gisela, soy la otra reina de las fiestas de Mahoya de 2025, o sea, del año pasado. La verdad que yo no podría decir menos, yo me lo he pasado súper bien, ha sido una gran experiencia, sobre todo haberla podido pasar con mi mejor amiga, con mi familia, con mis otros amigos. Consta de muchísimas responsabilidades, de asistir a muchos eventos, de inaugurar muchísimas cosas, pero yo creo que vale la pena y me lo he pasado súper bien.»
Las declaraciones de ambas representantes confirman el impacto positivo de la vivencia, que refuerza los lazos de amistad y la cohesión dentro de la comunidad de Abanilla.
La representación infantil complementa la estructura festiva, garantizando el relevo generacional en la custodia de las tradiciones locales. En este ámbito destacan figuras como Gema de la Cruz Gaona Lucas y Noa González Lozano, quienes acompañan a las cortes de honor en los actos solemnes.
Asimismo, la nómina de representantes incluye a Ana Martínez Medina y a la niña Triana Fernández Pacheco, cuya presencia reafirma la continuidad de la institución festiva. La implicación de las familias resulta decisiva para mantener vivas estas figuras de representación popular.

Origen de los Moros y Cristianos y la Batalla de la Matanza

Las Fiestas de Moros y Cristianos de Abanilla se vienen celebrando de manera continuada desde mediados del siglo XVII. Estas festividades rememoran acontecimientos singulares acaecidos en la zona durante la época de la Reconquista peninsular.
Durante aquel periodo de tensiones bélicas, los reinos cristianos de Aragón y Castilla avanzaban paulatinamente sobre los territorios bajo dominio musulmán. Los choques fronterizos y las disputas territoriales marcaban la dinámica de las campañas militares en el levante peninsular.
En el marco de estas operaciones, los ejércitos cristianos no eran ajenos a los conflictos internos cuando sus intereses estratégicos coincidían en una misma área geográfica. Abanilla se convirtió en el escenario involuntario de uno de estos enfrentamientos entre fuerzas hispánicas.
La denominada Batalla de la Matanza enfrentó directamente a las tropas castellanas contra el ejército aragonés liderado por el rey Pedro IV El Ceremonioso. El combate concluyó con una severa derrota para las filas del monarca aragonés.
Ante la contundencia del resultado adverso, Pedro IV El Ceremonioso debió emprender la retirada apresurada del campo de batalla. En su huida, el soberano aragonés decidió acampar junto a sus tropas a orillas del río Chícamo, en el término de Abanilla.
El asentamiento militar provisional se estableció en las proximidades de la pedanía de Mahoya, un paraje caracterizado por su fértil huerta y la abundancia de agua. Aquel campamento militar serviría de detonante para una serie de hechos de gran trascendencia espiritual.
Las crónicas de la época reflejan la agitación militar vivida en las riberas del río durante las jornadas posteriores al combate. El paso de la comitiva real aragonesa dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de los habitantes del campo murciano.

La leyenda del hallazgo en el huerto y las romerías de las Fiestas de Mahoya en Abanilla

La tradición histórica narra que unos soldados de la retaguardia aragonesa dejaron olvidado un estuche en un huerto de Mahoya, muy cerca del río Chícamo. La pieza olvidada guardaba en su interior una reliquia de singular valor espiritual para la comitiva real.
El relicario pertenecía al arzobispo de Zaragoza, prelado de la Iglesia que acompañaba con frecuencia a Pedro IV El Ceremonioso en sus expediciones militares. El contenido del estuche consistía en dos astillas autenticadas de la Vera Cruz de Cristo.
Unos agricultores que trabajaban las tierras de la huerta descubrieron el relicario abandonado entre los cultivos. Tras percatarse de la importancia del hallazgo, los campesinos trasladaron la reliquia y la entregaron al cura párroco de Abanilla.
El sacerdote dispuso la colocación inmediata de las astillas sagradas en el altar mayor de la iglesia de San José. El objetivo era permitir que los fieles y vecinos del municipio pudieran rendir culto público a la insignia hallada.
Sin embargo, el relato popular recoge un fenómeno extraordinario: la cruz desapareció de forma misteriosa del templo parroquial hasta en dos ocasiones. En ambas oportunidades, la reliquia no fue encontrada en el templo ni en dependencias eclesiásticas.
Los vecinos hallaron la insignia sagrada exactamente en el mismo lugar de la huerta de Mahoya donde los labradores la habían encontrado por primera vez. Este hecho fue interpretado como una manifestación de la voluntad divina sobre la ubicación de la reliquia.
Ante las repetidas desapariciones y hallazgos en el mismo enclave, las autoridades locales y los vecinos decidieron erigir una capilla junto al río Chícamo. La construcción de esta edificación dio origen a la actual ermita de Mahoya.
Para evitar que la insignia volviera a trasladarse de manera inexplicable hasta el río, la comunidad acordó iniciar las romerías tradicionales de la Santa Cruz de Abanilla. Estas procesiones consisten en trasladar la reliquia desde la iglesia de San José hasta la ermita de Mahoya.
La participación en la romería ha congregado históricamente a devotos de toda la comarca, convertida en una caminata festiva de afirmación comunitaria. Los romeros acompañan al relicario entre cantos, vítores y muestras continuas de fervor popular a lo largo del recorrido tradicional.

Documentación de la Cofradía, expolio en la Guerra Civil y el nuevo Lignum Crucis

La devoción hacia la reliquia dio lugar a la creación de estructuras organizativas estables desde siglos atrás. Existe constancia documental fehaciente que prueba la existencia y actividad de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Abanilla desde el año 1564.
Esta institución secular se encargó de velar por el culto, la conservación del relicario y la organización de los actos religiosos vinculados a la Santa Cruz. No obstante, los avatares de la historia del siglo XX alteraron de forma drástica la conservación del patrimonio local.
Durante los saqueos e incendios registrados durante la Guerra Civil, se perdieron los archivos históricos de la cofradía y la propia Cruz original. Las pérdidas materiales devastaron el legado documental que atestiguaba siglos de fervor colectivo en Abanilla.
A pesar de la destrucción del patrimonio histórico, la fe de los vecinos permaneció intacta, lo que motivó gestiones para restaurar el culto a la reliquia. En el año 1939, el Papa Pío XII envió a la localidad un nuevo Lignum Crucis autenticado desde la Santa Sede.
Este hecho histórico guarda una estrecha analogía con el caso de la Cruz de Caravaca, que también recibió una reliquia pontificia sustitutiva tras la contienda. El gesto del Papa Pío XII permitió reanudar las manifestaciones religiosas tradicionales en el municipio.
Desde entonces, el Lignum Crucis enviado desde el Vaticano preside los actos solemnes y las romerías hacia la ermita de Mahoya. Las instituciones y asociaciones locales trabajan coordinadamente para proteger este símbolo de la identidad de Abanilla.
Las iniciativas para la difusión del patrimonio de la comarca cuentan con el respaldo de las administraciones públicas. Para ampliar información sobre la agenda institucional y los servicios municipales, se puede visitar el portal del Ayuntamiento de Abanilla.
Las labores de restauración y conservación permanente garantizan el óptimo estado de las reliquias y enseres procesionales que lucen durante los festejos. La cofradía continúa desempeñando una función de custodia indispensable para el mantenimiento de los ritos ancestrales.

El papel social de las familias y la trascendencia comunitaria del festejo

La organización de las festividades depende en gran medida del compromiso intergeneracional de las familias del municipio. Los padres de las reinas desempeñan un papel logístico y emocional indispensable durante los meses previos y la celebración de los actos.
La implicación de progenitores como Roberto y María, padres de Gisela, y Cosmin y Elena, padres de Cristina, garantiza que las jóvenes puedan cumplir con sus obligaciones representativas. Este respaldo familiar resulta determinante para mantener la solvencia de las tradiciones locales.
Las cortes de honor, tanto en su vertiente juvenil como infantil, articulan un entramado social que une a diferentes barrios y pedanías de Abanilla. Las representantes acuden a actos religiosos, verbenas, recepciones oficiales y pasacalles a lo largo de toda la programación festiva.
La transmisión verbal de la Leyenda de la Santa Cruz de Abanilla fortalece la identidad de los habitantes frente a los cambios sociales. La huerta de Mahoya y las riberas del río Chícamo continúan siendo un espacio de memoria colectiva para toda la población.
El impacto económico y turístico de las fiestas beneficia de manera directa al comercio local, la hostelería y las empresas de servicios de la comarca. Visitantes de diversos puntos de la Región de Murcia y de provincias limítrofes acuden anualmente a presenciar las romerías y desfiles.
La preservación de los trajes, la música festera y los rituales procesionales consolida a Abanilla como un referente cultural en el levante español. La combinación de elementos históricos del siglo XVII con la participación juvenil asegura la perdurabilidad del festejo.
Las autoridades locales siguen promoviendo la declaración de estas manifestaciones como elementos de interés turístico para garantizar su protección futura. El esfuerzo coordinado entre la Cofradía, las comparsas y el consistorio mantiene vivo un legado multisecular.
Así, la devoción a la Vera Cruz y la alegría de sus fiestas continúan uniendo el pasado medieval con el presente de una comunidad orgullosa de sus raíces.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Cuál es el origen de las Fiestas de Moros y Cristianos en Abanilla?
Se celebran desde mediados del siglo XVII y rememoran episodios de la Reconquista, como la Batalla de la Matanza entre ejércitos aragoneses y castellanos.
¿Qué reliquia dio origen a la ermita de Mahoya?
Dos astillas de la Cruz de Cristo olvidadas por soldados aragoneses en un huerto de Mahoya junto al río Chícamo, pertenecientes al arzobispo de Zaragoza.
¿Quiénes son los padres de las reinas Gisela y Cristina?
Los padres de Gisela García Sánchez son Roberto y María, mientras que los padres de Andrea Cristina Stratulat son Cosmin y Elena.
¿Cuándo se entregó el Lignum Crucis que se venera en la actualidad?

Fue enviado por el Papa Pío XII en el año 1939, tras la pérdida de la cruz original y los archivos en los saqueos de la Guerra Civil.

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