
MADRID – ECO NOTICIA: ola de calor en España vuelve a marcar un récord histórico después de que el país acumulara 61 días bajo condiciones de ola de calor, mientras el verano registró la temperatura media más elevada desde que existen registros nacionales, ¿hasta dónde puede llegar esta tendencia de temperaturas extremas?
La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha confirmado que España ha soportado este año un número excepcional de jornadas con condiciones de ola de calor. El balance alcanza los 61 días, una cifra que supera ampliamente el anterior máximo registrado.
El dato adquiere especial relevancia porque el verano también terminó con el promedio térmico más alto de toda la serie histórica disponible. La temperatura media estival llegó a 24,5 grados centígrados, por encima de cualquier otro verano desde el comienzo de las mediciones sistemáticas.
La cifra supone además un incremento de 0,3 grados respecto al verano anterior. Frente al promedio climático de referencia, la diferencia alcanza los 2,4 grados, según los datos de Aemet.
El organismo meteorológico advierte así de una evolución que no se limita a episodios aislados. Los registros muestran una sucesión cada vez más frecuente de periodos cálidos y una prolongación de las condiciones propias del verano hacia otras partes del calendario.
España supera el récord anterior de días bajo calor extremo
España ha contabilizado 61 días de ola de calor, frente a los 41 que constituían hasta ahora el máximo registrado. El anterior récord correspondía al verano de 2022.
La diferencia es significativa: el nuevo registro supera en 20 jornadas el máximo anterior. Esto significa que el país ha acumulado un periodo considerablemente mayor bajo episodios definidos por temperaturas extraordinariamente elevadas.
Aemet sitúa estos datos dentro de una evolución que viene mostrando un aumento de las temperaturas extremas. El organismo recuerda que los diez veranos más cálidos de la serie histórica se concentran en el siglo XXI.
Además, siete de los ocho veranos con temperaturas medias más altas se han producido desde 2015. La concentración temporal de estos registros forma parte de las señales que el organismo utiliza para describir el progresivo aumento del calor.
La situación tampoco quedó limitada estrictamente a los meses centrales del verano. A finales de mayo ya se alcanzaron temperaturas características de julio en amplias zonas del territorio español.
El calor volvió a intensificarse posteriormente, incluso después de que comenzara el otoño meteorológico. Entre el 2 y el 7 de septiembre se registró provisionalmente otro episodio de ola de calor que se prolongó durante seis días y afectó a 16 provincias.
Este comportamiento refuerza la advertencia de Aemet sobre una estación cálida que, desde el punto de vista meteorológico, tiende a prolongarse.
El fenómeno tiene consecuencias que van más allá de los termómetros. Las temperaturas elevadas aumentan la presión sobre los sistemas eléctricos, el consumo de agua y los servicios sanitarios, además de elevar el riesgo de incendios en amplias zonas del territorio.
El promedio térmico del verano rompe todos los registros
El promedio de 24,5 grados convierte el último verano en el más cálido desde que comenzó la serie histórica en 1961.
La comparación con el periodo de referencia resulta todavía más significativa. La temperatura media quedó 2,4 grados por encima del promedio utilizado para evaluar el comportamiento climático habitual.
La distancia respecto al verano anterior también resulta relevante. La media aumentó 0,3 grados en apenas una temporada, según los datos proporcionados por la agencia meteorológica estatal.
Aemet considera especialmente destacable que los récords de calor se concentren en las últimas décadas. La sucesión de máximos no responde únicamente a un episodio extraordinario, sino que se integra en una tendencia de temperaturas elevadas observada durante los últimos años.
La agencia también ha señalado que el verano meteorológico se está alargando. El calor intenso aparece antes de los meses tradicionalmente asociados a las temperaturas más altas y puede mantenerse cuando el calendario meteorológico ya ha entrado en otra estación.
El episodio registrado en septiembre constituye uno de los ejemplos más claros. Solo cuatro meses de septiembre anteriores habían experimentado olas de calor de características similares: 1987, 1988, 2006 y 2016.
La presencia de un episodio de estas características durante el comienzo del otoño meteorológico añade otro elemento al análisis. Las temperaturas excepcionalmente altas ya no quedan concentradas necesariamente en julio y agosto.
La evolución también afecta a la percepción de las estaciones. Para la población, los periodos de calor intenso pueden comenzar antes y terminar más tarde, aumentando la exposición acumulada a temperaturas elevadas.
Las ciudades afrontan además efectos específicos. El asfalto, los edificios y la escasez de vegetación pueden favorecer temperaturas superiores a las de áreas rurales próximas, mientras que el uso intensivo de sistemas de refrigeración incrementa la demanda energética.
Las zonas turísticas también afrontan una presión adicional durante los periodos de máxima afluencia. Una mayor población temporal significa más consumo de agua y electricidad precisamente cuando las temperaturas pueden alcanzar sus valores más altos.
La información oficial de Aemet permite consultar los registros meteorológicos y las series climáticas utilizadas para analizar esta evolución. Agencia Estatal de Meteorología (Aemet)
Los embalses resisten pese a las temperaturas excepcionales
El balance meteorológico presenta, sin embargo, un contraste importante. Las lluvias abundantes registradas durante el invierno permitieron que los embalses españoles llegaran al final del periodo estival en una situación considerada favorable.
La reserva media de agua se situó en el 62,58 por ciento de la capacidad. El dato resulta especialmente relevante teniendo en cuenta la elevada presión turística que soporta buena parte del país durante los meses de verano.
Las cuencas que habitualmente afrontan mayores problemas de disponibilidad también mantuvieron niveles superiores a la mitad de su capacidad.
Entre ellas figuran las demarcaciones del Júcar, Segura, Mediterránea Andaluza y las cuencas catalanas. La situación hídrica, por tanto, ofreció un margen considerablemente mayor que el que podría esperarse después de un verano marcado por temperaturas excepcionalmente altas.
La combinación entre reservas de agua relativamente elevadas y temperaturas récord muestra que el comportamiento meteorológico no puede reducirse a un único indicador.
Un invierno lluvioso puede mejorar las reservas de los embalses, pero no elimina otros efectos derivados de un periodo prolongado de temperaturas extremas. La disponibilidad de agua y el impacto del calor son variables relacionadas, aunque no equivalentes.
Las altas temperaturas pueden incrementar la evaporación y la demanda de agua, especialmente en sectores como la agricultura, el turismo y el consumo urbano.
También pueden modificar las condiciones de los ecosistemas y aumentar la vulnerabilidad de la vegetación frente a la sequedad y el fuego.
Por ese motivo, la situación de los embalses ofrece una fotografía favorable de la disponibilidad hídrica, pero no elimina las consecuencias ambientales y sociales asociadas a un verano excepcionalmente cálido.
Los incendios vuelven a poner a prueba a España
El calor intenso tampoco evitó una temporada complicada de incendios forestales. España, al igual que otros países europeos, sufrió grandes fuegos durante el periodo estival.
Los incendios pusieron nuevamente el foco sobre la prevención forestal y sobre los recursos disponibles para actuar antes y durante las emergencias.
Entre las zonas afectadas por esta presión aparecen Madrid, Aragón y Castilla y León. Los incendios mostraron la dificultad de controlar situaciones de riesgo cuando coinciden temperaturas elevadas, vegetación vulnerable y condiciones favorables para la propagación del fuego.
El debate volvió a centrarse en la prevención. La disponibilidad de medios durante una emergencia resulta fundamental, pero los expertos y responsables públicos también afrontan el desafío de reducir previamente la cantidad de combustible vegetal y mejorar la gestión de los montes.
Las condiciones laborales de los trabajadores que participan en la prevención y extinción constituyen otro de los asuntos señalados en el balance.
La falta de personal suficiente y la necesidad de garantizar buenas condiciones de trabajo aparecen entre las cuestiones que han cobrado protagonismo tras los grandes incendios.
El escenario resulta especialmente complejo porque las temperaturas extremas pueden aumentar el riesgo de incendio incluso cuando la situación de los embalses es relativamente positiva.
Una buena reserva de agua no impide que la vegetación, los bosques y los espacios rurales sufran el impacto de episodios prolongados de calor.
Por ello, el récord de jornadas de ola de calor y los incendios deben analizarse dentro de un mismo contexto de presión meteorológica, aunque cada fenómeno tenga causas y características específicas.
Un cambio que supera el calendario del verano
Uno de los aspectos que más preocupa a Aemet es la duración creciente de las condiciones cálidas.
El episodio registrado a finales de mayo demostró que las temperaturas propias de los meses centrales del verano pueden aparecer antes de lo habitual. La ola de calor de septiembre mostró el fenómeno contrario: el calor extremo puede mantenerse cuando el verano meteorológico ya ha terminado.
Esta extensión temporal modifica el patrón tradicional de las temperaturas españolas.
Durante décadas, julio y agosto concentraban buena parte de los episodios de calor más intenso. Los datos actuales muestran una distribución más amplia de las situaciones extremas.
La cifra de 61 días constituye una referencia especialmente contundente. No se trata simplemente de que las temperaturas máximas hayan alcanzado valores elevados durante algunas jornadas. El país ha acumulado un número extraordinario de días bajo criterios de ola de calor.
El récord también supera claramente el registro de 41 días que se había establecido anteriormente. La diferencia permite dimensionar la excepcionalidad del periodo analizado.
El comportamiento de las temperaturas nocturnas adquiere asimismo importancia durante los episodios cálidos. Aunque los datos aportados se centran en la duración de las olas de calor y en las medias estivales, la persistencia del calor puede dificultar la recuperación de la población después de jornadas con máximas muy elevadas.
Las ciudades afrontan además efectos específicos. El asfalto, los edificios y la escasez de vegetación pueden favorecer temperaturas superiores a las de áreas rurales próximas, mientras que el uso intensivo de sistemas de refrigeración incrementa la demanda energética.
Las zonas turísticas también afrontan una presión adicional durante los periodos de máxima afluencia. Una mayor población temporal significa más consumo de agua y electricidad precisamente cuando las temperaturas pueden alcanzar sus valores más altos.
El récord climático deja nuevas preguntas
El balance meteorológico deja varios indicadores excepcionales al mismo tiempo: 61 días de ola de calor, una temperatura media estival de 24,5 grados y una diferencia de 2,4 grados respecto al promedio de referencia.
La información de Aemet también confirma que el fenómeno no se limita a una única estación. El calor intenso apareció antes del verano meteorológico y volvió a manifestarse durante el comienzo del otoño.
Al mismo tiempo, las lluvias invernales permitieron mantener los embalses en una posición favorable. La reserva media del 62,58 por ciento evitó que el calor se tradujera en una situación hídrica generalizada de extrema tensión.
Pero los incendios recordaron que el agua almacenada en los embalses no constituye el único factor que determina la vulnerabilidad del territorio.
Madrid, Aragón y Castilla y León estuvieron entre las regiones donde los incendios volvieron a plantear interrogantes sobre la prevención, la gestión forestal y la disponibilidad de trabajadores.
La combinación de todos estos elementos plantea un desafío para las administraciones. España necesita afrontar temperaturas más elevadas sin perder de vista la gestión del agua, la prevención de incendios, la protección de la población vulnerable y la adaptación de las ciudades.
Los registros meteorológicos ofrecen una referencia objetiva para medir la evolución. La acumulación de récords en las últimas décadas aporta además un contexto que permite comprender por qué cada nuevo verano extremadamente cálido genera una atención creciente.
El dato más llamativo, sin embargo, sigue siendo la duración. Alcanzar 61 días de ola de calor supone superar por 20 jornadas el anterior máximo.
Ese récord se suma a una temperatura media estival que tampoco tiene precedentes en la serie histórica. La señal que dejan ambos indicadores es clara: España acaba de atravesar uno de los periodos de calor más excepcionales registrados desde que existen mediciones comparables.
Preguntas frecuentes sobre la ola de calor en España
¿Cuántos días de ola de calor ha registrado España?
España ha acumulado 61 días de ola de calor, frente al anterior máximo de 41.
¿Cuál fue la temperatura media del verano?
La temperatura media alcanzó los 24,5 grados centígrados.
¿Cómo estaban los embalses al terminar el verano?
La reserva media se situó en el 62,58 por ciento de la capacidad.
¿Qué regiones sufrieron incendios importantes?
Entre las zonas señaladas figuran Madrid, Aragón y Castilla y León………Más






