Río Chíllar en Nerja con visitantes durante la temporada turística

Ríos de Andalucía destruidos por el turismo: alerta ambiental

CIUDAD – ECO NOTICIA: Ríos de Andalucía destruidos por el turismo es la denuncia que emerge de distintos enclaves naturales donde la llegada masiva de visitantes está alterando cauces, riberas y hábitats. El caso del río Chíllar, en Nerja, concentra buena parte de la polémica, pero no constituye un episodio aislado: Río Verde, Turón, Dúrcal, Cebollón, Bocaleones, Majaceite y otros espacios afrontan restricciones o advertencias por la presión humana. ¿Hasta dónde puede soportar un río el éxito turístico antes de que la propia naturaleza quede relegada?

Ríos de Andalucía destruidos por el turismo: el caso que concentra la polémica

El río Chíllar, en el término municipal de Nerja, Málaga, se convirtió durante años en uno de los grandes reclamos naturales de la provincia. Sus aguas, estrechos desfiladeros, cascadas, pozas y vegetación ofrecían un recorrido atractivo para los visitantes, además de un acceso relativamente sencillo.

La popularidad alcanzó una dimensión difícil de gestionar. Según los datos recogidos por EL PAÍS, el cauce llegó a recibir hasta 3.000 personas al día durante los periodos de mayor afluencia. La presión transformó un espacio natural en un lugar de concentración turística.

El Ayuntamiento de Nerja prohibió el acceso en agosto de 2023. La zona continúa cerrada, aunque la Junta de Andalucía estudia su reapertura con un sistema de acceso limitado y gestión privada.

Dos empresas, Travelnatura y Sando, han presentado ofertas para hacerse cargo de la gestión. Sus propuestas contemplan un máximo de 500 visitantes diarios. La propuesta inicial de la administración autonómica planteaba una cifra inferior, de 300 personas.

Las dos ofertas incluyen mantenimiento permanente del cauce y protocolos de emergencia. También plantean el cobro de una entrada. Una de las propuestas fija el precio en 10 euros, mientras que la otra establece una tarifa de 4,90 euros.

La discusión no se limita al número de personas que podrían entrar. El debate afecta directamente al modelo de uso de un espacio considerado Reserva Natural Fluvial.

Rafael Yus, portavoz de Ecologistas en Acción, sostiene que la actividad turística destruye la vida del río. La organización ha presentado alegaciones contra la reapertura y reclama una protección basada en la biodiversidad existente.

El profesor asociado del Departamento de Botánica y Fisiología Vegetal de la Universidad de Málaga Andrés Vicente Pérez Latorre considera que permitir la entrada de 500 personas diarias tendría un impacto destructivo. Su propuesta es mucho más restrictiva: permitir únicamente la presencia de unos pocos visitantes con perfil naturalista.

El botánico Baltasar Cabezudo también alerta sobre la fragilidad del entorno. Según explica, alrededor del Chíllar existen unas 50 especies especialmente sensibles al pisoteo, la contaminación y la presencia humana.

La falta de aseos añade otro problema. El uso intensivo del espacio implica residuos y contaminación derivados de las necesidades fisiológicas de los visitantes.

El impacto de los visitantes sobre el cauce del Chíllar

El deterioro del Chíllar también quedó reflejado durante las labores de limpieza realizadas en 2017. En aquella intervención se retiraron 450 kilos de residuos y miles de zapatos que habían quedado colgados de cables de la zona.

La situación afecta a algo más que a la imagen del paisaje. Caminar de forma continuada por el lecho y las orillas compacta el terreno y altera los espacios donde viven diferentes especies.

Una fuente conocedora del entorno, que pidió mantener el anonimato por temor a posibles represalias, describe un cambio profundo en la fauna acuática. Recuerda la presencia de garzas, peces, cangrejos de río y libélulas en el pasado.

La misma fuente afirma que una cámara subacuática ya no permite observar larvas y resume la situación con una expresión contundente: “no ves nada, está todo muerto”.

La frase refleja una de las principales preocupaciones de quienes defienden una protección estricta del enclave: el deterioro puede ser mucho menos visible para el visitante que para quienes conocen el ecosistema y siguen su evolución.

El problema, además, no termina en el Chíllar. La expansión de las rutas naturales difundidas en redes sociales ha multiplicado el interés por otros cauces andaluces.

Cientos de publicaciones en Instagram muestran pozas, ríos y enclaves acuáticos como destinos turísticos. Las imágenes atraen a nuevos visitantes y generan una dinámica difícil de controlar cuando el espacio disponible resulta limitado.

El debate enfrenta dos necesidades: facilitar el disfrute de la naturaleza y conservar ecosistemas que no pueden soportar una afluencia ilimitada.

Río Verde y otros cauces bajo presión turística

El Río Verde, situado cerca de Otívar, en Granada, constituye otro ejemplo de la creciente presión sobre los espacios fluviales. El enclave se encuentra en el entorno del Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama.

La elevada afluencia llevó a la administración andaluza a limitar el acceso a 100 vehículos diarios. La Sociedad Cooperativa de Cázulas, propietaria de los terrenos por los que transcurre el camino hacia el río, controla el acceso y cobra cinco euros por persona y otros cinco por vehículo.

En verano, el límite se alcanza con frecuencia. Los fines de semana, según los datos publicados por EL PAÍS, el cupo puede completarse antes de las once de la mañana.

El problema no se reduce al número de personas. Muchos visitantes recorren el propio cauce, mientras que grupos de barranquismo utilizan el río como parte de sus actividades. Ese tránsito introduce una presión adicional sobre el ecosistema.

La afluencia también tiene consecuencias para la seguridad. Los datos de la Guardia Civil en Granada registraron hasta 12 rescates de personas que no pudieron continuar el recorrido debido a lesiones.

En la misma provincia, Ecologistas en Acción ha denunciado la situación del río Dúrcal. La organización también ha señalado pérdidas de especies y hábitats en los ríos Castril y Lanjarón, dentro del entorno de Sierra Nevada.

El Cebollón presenta otra realidad. En este río está prohibido caminar por el cauce, aunque se permite transitar por la orilla. El baño continúa permitido en la cascada de la presa.

La Junta también mantiene restricciones en otros espacios de Cádiz, entre ellos el Río de la Miel, el Majaceite y el Bocaleones. En este último, situado en el Parque Natural Sierra de Grazalema, los ecologistas cuestionan que el límite establecido permita la presencia de más de 50 personas al día.

A la presión de los visitantes se suman comportamientos que deterioran la experiencia y el entorno: música, gritos y presencia de perros sueltos.

La administración afronta así una dificultad doble. No basta con establecer un límite si después resulta complicado controlar lo que ocurre dentro del espacio.

Ríos de Andalucía destruidos por el turismo: restricciones frente a una demanda creciente

La situación se repite en diferentes puntos de Málaga. Los ríos Patalamara, en Cómpeta; Cástor y Padrón, en Estepona; Higuerón, en Frigiliana, y el entorno de la Cueva del Gato, en Benaoján, aparecen entre los enclaves afectados por una elevada presencia humana.

En algunos de estos lugares, las escenas habituales incluyen familias con colchonetas hinchables y acumulación de residuos.

El río Genal presenta otro tipo de impacto. Según la información recogida por EL PAÍS, se han construido presas sin autorización para crear zonas de baño, una práctica que afecta a la fauna.

El Guadalmina, en Benahavís y cerca de Marbella, soporta una elevada afluencia durante el verano.

En la Sierra de las Nieves, el río Turón ha seguido una estrategia diferente. La administración autonómica prohibió el acceso de vehículos a la zona, de modo que los visitantes deben realizar el recorrido a pie.

Helios Muñoz, biólogo y técnico de la asociación municipal de la zona, considera que esa medida ha funcionado como un filtro y ha mejorado considerablemente la situación.

La alcaldesa de El Burgo, Mariló Narváez, describe una situación que obliga a intervenir de forma constante. Según explica, algunos visitantes capturan peces y los introducen en recipientes, mientras otros dejan basura o llevan perros sin control.

Narváez reclama mayor conciencia entre quienes acuden al río. Su mensaje parte de una idea sencilla: disfrutar del espacio natural resulta compatible con bañarse y pasar el día si se respetan las condiciones del entorno.

El problema aparece cuando la visita se extiende a zonas que antes apenas recibían personas. La alcaldesa señala que cada vez más visitantes remontan el río Turón aguas arriba de las presas.

Ese tramo superior cuenta con una protección especial por su condición de Reserva Natural Fluvial. Su menor intervención humana favorece la presencia de especies como el cacho malagueño, además de cangrejos y nutrias.

La administración de un parque nacional ha instalado dos cámaras para controlar la capacidad del espacio. La medida busca disponer de información que permita mejorar la gestión de las visitas.

La regulación aparece como una de las principales alternativas

Antonio Herrera, responsable de la consultora ambiental Mediodes y miembro del patronato de la Fundación Nueva Cultura del Agua, considera inevitable establecer límites.

Su argumento parte de una realidad: Andalucía recibe un volumen elevado de turismo y muchas personas quieren disfrutar de sus espacios naturales. Pero los ecosistemas fluviales tienen una capacidad limitada para absorber alteraciones.

Herrera señala como impactos la basura, los protectores solares y otros contaminantes asociados a la concentración de visitantes.

Para el experto, la regulación debe acompañarse de educación ambiental. No basta con prohibir o limitar el acceso; también resulta necesario explicar por qué se aplican las medidas.

Una de las posibilidades consiste en utilizar permisos previos y gratuitos. La administración autonómica ya emplea este sistema en determinados recorridos, como el pinsapar de Grazalema o el sendero del Río Bailón, en las Sierras Subbéticas.

El objetivo consiste en conocer de antemano cuántas personas accederán a un enclave y evitar que la demanda supere la capacidad disponible.

La experiencia de los distintos ríos muestra que no existe una única fórmula. En algunos lugares se ha optado por cerrar el acceso. En otros se han impuesto cupos, autorizaciones, restricciones para vehículos o prohibiciones de caminar por el cauce.

El propio marco oficial andaluz contempla restricciones de acceso en determinados espacios naturales. En el arroyo Bocaleones, por ejemplo, la continuación hacia el barranco requiere autorización administrativa, mientras que el tramo inicial del sendero mantiene condiciones específicas de acceso.

Fuente oficial: Ventana del Visitante de la Junta de Andalucía – Arroyo Bocaleones

La cuestión central consiste en determinar cuándo una actividad recreativa deja de ser compatible con la conservación. Los testimonios recogidos en torno al Chíllar y otros cauces apuntan a una misma preocupación: una popularidad sin límites puede terminar deteriorando precisamente aquello que atrae a los visitantes.

Un problema que se extiende más allá de un solo río

El caso del Chíllar permite observar el proceso con especial claridad. Primero llega la difusión del paisaje. Después aumenta el número de visitantes. Más tarde aparecen residuos, daños en la vegetación, alteraciones de la fauna y problemas de seguridad.

Finalmente, las administraciones tienen que elegir entre cerrar el espacio o diseñar un sistema que limite la presión.

Ese recorrido se reproduce, con diferencias, en otros ríos andaluces. La presencia de restricciones en Cebollón, Bocaleones, Majaceite, Río de la Miel y otros enclaves demuestra que la gestión del turismo fluvial ya forma parte de las políticas de conservación en distintos puntos de la comunidad.

Pero las medidas no siempre coinciden. Mientras algunos espacios mantienen prohibiciones de acceso al cauce, otros permiten actividades concretas bajo determinadas condiciones.

La información oficial sobre el río Majaceite, por ejemplo, indica que el cauce no está designado como zona de baño y que el baño no está permitido. También establece que no se deben instalar elementos de acampada y que los perros deben permanecer atados.

En el Cebollón, la Junta estableció además la prohibición de realizar recorridos a pie dentro del cauce en determinados tramos del Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama.

Estas medidas muestran que el acceso a la naturaleza no implica necesariamente libertad absoluta de uso. Cada cauce presenta características diferentes y requiere una respuesta adaptada a su fragilidad.

La preocupación expresada por científicos, ecologistas y responsables municipales coincide en un punto: conservar los ríos exige controlar la intensidad de las visitas.

El turismo puede acercar a la ciudadanía a la naturaleza, pero también puede convertirse en una amenaza cuando concentra miles de personas en espacios pequeños y sensibles.

En el caso del Chíllar, la futura decisión sobre su gestión determinará si el cauce vuelve a recibir visitantes bajo un modelo regulado o si continúa cerrado para favorecer su recuperación.

La discusión no afecta únicamente a Nerja. También plantea una pregunta para el conjunto de Andalucía: cómo disfrutar de los ríos sin convertirlos en escenarios turísticos incapaces de conservar la vida que los hace únicos.

Preguntas frecuentes

¿Qué río concentra la principal polémica?

El río Chíllar, en Nerja, Málaga, donde la elevada afluencia turística provocó el cierre del acceso y ahora se estudia una reapertura limitada.

¿Cuántas personas llegaron a visitar el Chíllar en un día?

La cifra llegó hasta 3.000 visitantes diarios durante los periodos de mayor afluencia.

¿Qué otros ríos afrontan restricciones?

Entre otros, Río Verde, Cebollón, Bocaleones, Majaceite, Río de la Miel, Turón, Dúrcal, Guadalmina y Genal.

¿Qué medidas proponen los expertos?

Plantean limitar el número de visitantes, utilizar permisos previos, controlar los accesos y reforzar la educación ambiental………Más